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En este gran poema finlandés que es Kalevala (la patria de los héroes), se cuenta que el héroe principal es el imperturbable Vainamoinén, hijo de la Virgen del Aire.

La predestinación de Vainamoinén fue señalada ya antes de su nacimiento por circunstancias extraordina­rias. Se dice quo «pasó en el seno de su madre treinta veranos y otros tantos inviernos, durante los cuales re­flexionó y meditó cómo vivir, cómo existir en su som­bría morada».

Una vez en el mundo, el héroe trabajó la tierra, hasta entonces inculta, la sembró y la hizo producir. Después triunfó sobre el hijo de Laponia, Jukahainén, de cuya hermana, Eno, se enamoró y con la que preten­dió casarse.

Sin embargo, para huir de su pretendiente, la hermosa Eno se arrojó al mar, convirtiéndose en una divi­nidad do las aguas.

No conforme con su fracaso amoroso, Vainamoinén, después de conseguir escapar a las asechanzas del lapón Jukahainén, fue en busca de esposa a Pohja, país en el que mandaba Luhi.

—Si —le dijo éste—, yo to prometo la mano de ml hi ja mayor, pero con la condición de que me forjes el sampo.

Nadie sabía a punto fijo en qué consistía este talismán misterioso, pero Vainamoinén se lo encargó a Ilma­rinén, el habilísimo herrero, y éste lo hizo inmediata­mente.

Lo malo fue que, como la prometida de Vainamoi­nén, es decir la hermosa hija de Luhi, prefería al he­rrero Ilmarinén, la boda de ambos jóvenes se celebró con toda esplendidez y el héroe se quedó otra vez com­puesto y sin novia.

Por esas fechas apareció también en el país Lem­minkainén, joven alegre, gran seductor de muchachas, batallador travieso y turbulento, que iba también a Pohja en busca de esposa. Al parecer, incluso había muerto en el viaje, pero su madre, maga consumada como Circe y Medea, le volvió a la vida, reuniendo todos sus pedazos dispersos, igual que hizo Isis con los de Osiris en Egipto.

El sabio Lemminkainén, irritado por no haber sido invitado a la boda de la hija de Luhi, emprendió una expedición contra Pohja, logrando incluso matar al gran jefe de la familia. Pero no salió bien librado, ya que todo el pueblo se levantó contra él, incendió su casa, aniquiló sus campos y tuvo que huir.

También le fue funesta una segunda expedición, por­que los poderes mágicos Luhi, maga muy experta, eran superiores a toda su fuerza y a todo su valor.

Mientras tanto, la mujer del herrero Ilmarinén pe­reció devorada por los osos de Kullervo, el genio del mal. Entonces el habilísimo forjador fue a Pohja y le dijo a Luhi:

—Vengo a que me des tu segunda hija para hacerla mi esposa.

—De ninguna forma —respondióle Luhi.

Pero el herrero no se conformó con la negativa y raptó a la muchacha. Como nunca segundas partes fueron buenas, este rapto no le resultó bien a Ilmarinén. En efecto, su nueva esposa, que era muy casquivana, apro­vechó el sueño de su marido para entregarse a otro hombre.

—Por tu falta quedarás convertida en gaviota —le dijo Ilmarinén al saberlo.

Y, seguidamente, el burlado marido regresó a Kaleva­la, donde hizo saber a Vainamoinén la prosperidad que el sampo, el talismán maravilloso construido para Luhi, había procurado a Pohja, el pais vecino.

—Hemos de apoderarnos de ese talismán —dijo Vai­namoinén— con objeto de que los beneficios que produ­ce sean para nuestra patria.

Y sin pérdida tiempo partieron los dos héroes dispuestos a hacerse con el famoso sampo. También Lemminkainén, dispuesto siempre a correr aventuras, se unió a ellos.

Ya camino de Pohja, al atravesar un ancho río, la barca que los conducía chocó contra un enorme lucio, pez muy voraz de cuyos huevos se hace el caviar. Lo pescaron a duras penas, y con sus espinas construyó Vainamoinén un kantelete (especie de cítara) mara­villoso.

Gracias a este instrumento musical el héroe consi­guió adormecer a sus adversarios una vez llegados a Pohja, logrando así apoderarse del codiciado talismán.

Pero cuando ya se disponían a partir, un canto in­tempestivo de Lemminkainén despertó a los de Pohja, y Luhi suscitó una terrible tempestad, durante la cual el kantelete fue arrabatado por las olas y el sampo des­trozado.

En medio do aquel desastre, Vainamoinén aún pudo recoger los restos, con los que logró hacer Ia prosperi­dad del país de Kalevala. Entonces Luhi, furiosa, des­encadenó contra Kalevala una serie horrorosa de calamidades. Incluso llegó a encerrar en una caverna al Sol y la Luna.

A pesar de todo, Vainamoinén acabó por triunfar. Y tras ello, dando por terminada su misión, construyó un navío, se embarcó en él, solo, y llevado por las aguas se alejó mar adentro, desapareciendo para siempre en­tre las olas.

 

Bibliografía

Repollés, J. (1979). Las Mejores Leyendas Mitológicas. España: Editorial Bruguera, S.A.

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