Nuestro blog

0

 

Refiere una antigua leyenda china que el Universo procede de un huevo, cuya gestación duro dieciocho millones de años, del que brotaron el Cielo y la Tierra. De la unión de estos se formó el ser Pan-Ku, quien se extendió sobre la Tierra, y al morir, toda la naturaleza emano de su organismo.

Los árboles y las plantas salieron del vello de Pan-Ku; de sus dientes y huesos, los metales; su cabeza y su tronco dieron origen a los montes; sus venas, a los ríos; el sudor de su cuerpo se convirtió en lluvia. Y finalmente el hombre y los demás animales proceden de los parásitos que cubrían el cuerpo de Pan-Ku.

Este primer ser, llamado también Hoen-Tu (caos primordial), vivió dos mil seiscientos treinta y siete años antes de nuestra era. Y poseía tanto dominio sobre la Naturaleza, que modificaba montes, ríos, valles y mares a su antojo. Por eso se dijo de él que era el ordenador del mundo.

Después de Pan-Ku empezaron tres grandes reinados. Primero el del cielo; luego, el de la tierra, y por último el del hombre. Todo ello se desarrolló en el espacio de ciento veintinueve mil seiscientos años. Lo que constituye un gran periodo compuesto de doce partes llamadas “conjunciones”, de diez mil ochocientos años cada una, las cuales comprenden también la destrucción de las cosas.

En el primero de los reinados se verificó la actual formación del cielo, que se hizo sucesivamente por el movimiento que la gran cumbre, o el ser primordial, imprimió a la materia, que se hallaba antes en un reposo absoluto.

La tierra se produjo en la segunda “conjunción”, tal como antes se había formado el cielo.

Y en la tercera nació el hombre, como los demás seres de la naturaleza, incluidas las plantas.

Para cada periodo existe también su correspondiente soberanía: los tres Hoang, los tres Augustos revestidos de poderes, de estructura y de símbolos diversos, con formas diferentes de las de la actual humanidad.

Los primeros Hoang tenían cuerpo de serpiente. Los segundos, rostros de muchachos, cabeza de dragón, cuerpo de serpiente y pies de caballo. Los terceros, rostro de hombre y cuerpo de dragón o de serpiente.

Transcurrieron otros diez grandes periodos de tiempo llamados Ki, durante los cuales los hombres sufrieron nueva metamorfosis. Primeramente vivían en cuevas, trepaban por los árboles, construían sus viviendas y nidos sobre los altos troncos y montaban en ciervos alados y dragones.

Finalmente, comenzó el imperio del hombre sobre la naturaleza, y los seres humanos dejaron de habitar las cuevas y los nidos. ¡Pero los hombres eran muy desdichados!

Hasta entonces los hombres, metidos en cuevas o encaramados en los árboles, poseían el Universo. Todo era de todos, aun cuando carecían de todo. Los reyes tenían carros tirados por seis unicornios alados. Abundaban las serpientes venenosas y los grandes animales, mientras las aguas eran estancadas y pestilentes.

Sin embargo, como los hombres no pensaban en hacer daño a las bestias, estas tampoco les ofendían ni atacaban. ¡Pasaron miles de años y los hombres adquirieron demasiadas luces! Cansados de cubrir su desnudez con vestidos de hierbas, mataron a los animales para hacerse vestidos con sus pieles.

Y esta fue la causa de que se rebelasen las fieras, antes sosegadas y pacíficas. Los animales armados de garras, dientes, cuernos y veneno, atacaban a los hombres, que no podían resistirles.

Se inició entonces una guerra y la Naturaleza perdió su quietud. La lucha comenzó para siempre. ¡Desde aquel instante el mundo perdió su tranquilidad y reposo!

 

Bibliografía

Repollés, J. (1979). Las Mejores Leyendas Mitológicas. España: Editorial Bruguera, S.A.

 

 

 

Comentarios ( 0 )

    Déjanos tu comentario

    Tu correo electrónico no será publicado. Los campos requeridos están marcados *