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En la región de la Presa hay rancherías consideradas desde el siglo XVIII, hace más de 200 años las que producían los mejores cuchillos de la entidad forjadas al temple del hierro al rojo vivo, generalmente sacados de las hojas de los muelles de los vehículos, desde que este tipo de forja se puso de moda el siglo pasado.

¿De qué metal estaban hechas antes de conocidas las muelles? Es un misterio.

Pero en una ranchería llamada en el siglo pasado San José de La Higuera, o de Los Higuera que ya desapareció, cercana de la presa, hubo un tranchete que tuvo más fama que cualquier otro.

Había sido templado por Don Aparicio Higuera y le había grabado “Estas armas son de Satanás y entre más las tientas matan más”, Sin duda una inscripción curiosa que da origen a esta leyenda, pero con el paso del tiempo, esto se volvió más macabro.

El tranchete fue obsequiado a un ranchero de apellido Mayoral que había llegado a caballo al rancho, tuvo la mala suerte que al alejarse un par de metros de San José de la Higuera su caballo se desbarranco y murió atravesado por el tranchete maldito, el cual aseguraban había sido templado con sangre de Búho.

Sepultado el difunto Mayoral, el tranchete fue recogido por el juez de paz de la región, quien al no encontrarle dueño se lo quedo. Lo guardo durante dos años hasta que se lo vendió a un comerciante ambulante que llegaba en mula a comprar fruta y a vender ropa y calzado, un domingo después de ser despedido por los amigables habitantes del pueblo, pero dos días después fue encontrado no muy lejos arroyo abajo atravesado por el tranchete, los habitantes atribuyeron a que la mula se había asustado y por eso el accidente.

El cuerpo fue inhumado ahí mismo, y las pertenencias fueron recogidas por las autoridades locales. Un día un policía rural llega en busca de unos ladrones de ganado, y después de capturarlos, los locales deciden regalarle el fatídico tranchete para que se lo lleve de la región de una vez.
A la mañana siguiente marcada para la salida del policía foráneo, de manera macabra se encontró acostado en un camastro atravesado por el tranchete de satanás.
El miedo comenzó a propagarse por la región, incluso algunos iban a ver el objeto maldito solo por curiosidad.  Se creía que cualquiera que intentara llevárselo terminaría muerto por el arma, y así fue como cobro otras tres víctimas.
Hasta que un día llego un sacerdote que venía a caballo desde San Luis Gonzaga, supo de la historia y la considero absurda, y después de un ligero regaño a los pobladores, ofreció llevarse el objeto maldito.

Ya no se supo nada del sacerdote, por lo que se asumió que no le había pasado nada, y la tranquilidad llego a la región, y la leyenda del Tranchete de Satanás cada día se va quedando en el olvido.

¿Poderosas palabras? ¿Sugestión? O ¿maldición verdadera?

Existen muchas explicaciones para esta interesante leyenda, pero si nos vamos al aspecto sobrenatural, lo más probable que no se haya tratado de un evento azaroso las palabras escritas en el arma, hay que recordar que en los ranchos, siempre existían “Diableros” como se le denominaban aquellos que pedían favores al señor oscuro, y que en ocasiones afirmaban recibir muchos beneficios de él, no sería extraño pensar que la persona que forjo el Tranchete lo haya hecho en un sentido ceremonial, y por eso su esencia macabra.

No podemos seguirle más la pista a esta leyenda, debido a que el tiempo ha borrado el lugar donde se dio, pero algo que nos enseña esta leyenda es “Las armas solo traen desgracias.”

 

Fuente: Periódico Ultimas Noticias del año 1983
Hemeroteca del Archivo Histórico Pablo L. Martínez.

 

Compartida por: Gilberto Ortega Aviles