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Cayendo en tus sueños, mis sueños…rodeado de gente, gente linda, o no tan linda…me vienen tus recuerdos…ese amor, odio, tristeza, una distorsión de emociones que anhelan verte…no entiendo aun si soy feliz, o pretendo serlo, ¿por qué me invade la tristeza?, al saber que no te tengo aquí, y solo te veo dibujada en estas y otras letras, falta de amor, ¿fue lo que paso?…o será de fuerza al saber que no te quiero perder, pero al final eso se logró…

Quiero escapar, y mi pensamiento sigue persiguiendo el tuyo, me pregunto: ¿me piensas como yo te pienso a ti?… ¿me sientes como yo te siento a ti? … ¿todavía me amas, como yo te amo a ti?…

…creo que nunca fue amor, mas un sueño de letras que se revolvió en nuestras vidas…un suspiro, un deseo que ambos compartimos y no sabíamos que tendría un final…

…destinados, nunca debimos estar, ni habernos visto, menos conocido y haber convivido…es un sentimiento no definido, no entiendo lo que nos llevó a estar unidos, ¿destino?…el cual nunca existió…o no lo atesoramos suficiente ninguno de los dos…

…sigo con mi orgía de pensamientos, y créeme cuando te digo que solo quiero olvidar, olvidar tu sonrisa, tus caricias, tu cabello despeinado al despertar…tus besos, tus labios…ya que solo tristeza me da, que no conmigo los compartirás…saber que allí estás…

…maldito futuro que separa mi alma y la tuya, al saber que no es conmigo que vas a estar, ni perseguir, mucho menos luchar…cayendo en tus sueños, o mis sueños, nuestra historia seguirá, o aquí terminara…

 

Compratida por: Mr. J

Flor – hermosa india de grandes ojos negros – amaba a un joven indio llamado Agil. Este pertenecía a una tribu enemiga y, por tanto, solo podían verse a escondidas. Al atardecer, cuando el Sol en el horizonte arde como una inmensa ascua, los dos novios se reunían en un bosquecillo, junto a un arroyo juguetón, que ponía un reflejo plateado en la penumbra verde.

Los dos jóvenes podían verse solo unos minutos, pues de lo contrario despertarían las sospechas de la tribu de Flor. Una amiga de esta – una amiga fea, odiosa – descubrió un día el secreto de la joven y se apresuró a comunicárselo al jefe de la tribu. Y Flor no pudo ver más a Agil.

La Luna, que conocía la pena del indio enamorado, le dijo una noche: – Ayer vi a Flor que lloraba amargamente, pues la quieren hacer casar con un indio de su tribu. Desesperada, pedí a Tupa que le quitara la vida, que hiciera cualquier cosa, con tal de librarla de aquella boda horrible. Tupá oyó la súplica de Flor: no la hizo morir, pero la transformó en una flor. Esto último me lo contó mi amigo el viento.

  • Dime Luna, ¿En qué clase de flor ha sido convertida mi enamorada?
  • ¡Ay, amigo, eso no lo sé ni lo sabe tampoco el viento!
  • ¡Tupá, Tupá! Gimió Agil -. Yo sé que en los pétalos de Flor reconoceré el amor de sus besos. Yo se que la he de encontrar. ¡Ayúdame a encontrarla tu que todo lo puedes!

El cuerpo de Agil – ante el asombro de la Luna – fue disminuyendo, disminuyendo, hasta quedar convertido en un pequeño y delicado pájaro multicolor, que salió volando apresuradamente. Era un colibrí.

Y, desde entonces el novio triste, en una bella metamorfosis, pasó sus días besando ávida y apresuradamente los labios de las flores, buscando una, sólo una.

Pero según dicen los indios más viejos de las tribus, todavía no la ha encontrado…

 

Bibliografía

Perés, Ramón. (1973). La Leyenda y el Cuento Populares. Barcelona: Editorial Ramon Sopena, S.A.

Esta historia la escuché hace muchísimo tiempo, ahora es momento de compartirla…una sabia señora siempre decía que yo iba a encontrar dos maneras de seguir adelante, una a través de los ojos de la vida, y otra a través de los ojos de la muerte, por lo que ella me cuenta lo siguiente…

Hace mucho tiempo, cuando el tiempo no era aún tiempo, la vida y la muerte eran unidas, las dos de inigualable belleza, gran corazón, muy similares en muchas características, como bien diferentes en otras, lo que más las diferenciaba era el deseo de ser vistas por otros seres, la vida era humilde, sabia y reconocía perfectamente que era bella por dentro y fuera, la muerte era hermosa, un ejemplar divino, mas le encantaba que otros seres se lo recordaran, su vanidad era demasiado grande, no sabía cómo darse su lugar, y siempre buscaba que otros le admiraran…

…con el tiempo, se decidió el nacer del hombre, con su magnífica figura…ambas admiradas por este, desearon conocerlo, mas bien poseerlo, poco a poco se le acercaron, le coquetearon y a su vez ofrecieron miles de regalos; el hombre incrédulo de su suerte, se fue admirado por ambas. Pasando el tiempo, llego el punto donde la vida le otorgó toda su belleza emocional y física por igual, le enseñó el encanto de sus alrededores, lo guio por un buen camino, un camino difícil, lleno de tropiezos, sin embargo siempre estuvo a su lado, animando para que nunca se diera por vencido, esto enseñó al hombre a ser fuerte, perseverante…aun este no se diera cuenta que la vida siempre estaba a su lado, ella entre las sombras, siempre estaba ayudándolo a seguir adelante, el hombre satisfecho, con la vida, decidió rendirle homenaje a esta, y ella agradecida le otorgo su más grande regalo que fue un destino, bello, en paz, lleno de tranquilidad, sereno…

…al ver, la muerte de la felicidad que poseía el hombre con su vida, decidió ofrecer por igual, y haciendo del camino del hombre más fácil, lo hizo desearla, se creó esa conexión de dos amantes y este opto por seguirla ciegamente, a desearla, él loco por ella no le importó dejar a un lado su vida, pero la muerte estaba llena de sorpresas, porque ella no daba nada sin esperar nada a cambio…ella lo deseó sin igual, pero ella a escondidas del hombre deseaba a las sombras que la seguían…secretos, mentiras se fueron tejiendo sobre lo que la muerte ofrecía, nunca le fue honesta al hombre, siempre manipulaba la situación de forma que él se sintiera mal…el hombre enamorado de sus virtudes, se comenzó a entregar, mas la muerte solo deseaba ser vista, querida por alguien más, por lo que comenzó a absorber el alma de este, su espíritu, su felicidad; el hombre opacándose y sintiendo una tristeza profunda porque no era correspondido de la misma forma que la muerte pedía, comenzó a ocultarse en la oscuridad…el hombre ya estando por desfallecer, entre una perdición total, se le acercaron las mismas sombras que seguían a la muerte, estas se dieron cuenta del daño que ella le hacía, y sin dudarlo le enseñaron toda la verdad hasta guiar al hombre a descubrir todas sus mentiras…este cayó en trance de tristeza intensa…pensando en dejarlo todo a un lado…

…el hombre defraudado comenzándose a hacer a un lado, y la muerte mostrando frente a él a sus amantes, le rogó que no lo buscara más…esta guiada por los celos, y sin saber lo que sucedía a su espalda. La muerte lo buscaba con insistencia, pero con más mentiras luego de ver que lo perdía, ya que el hombre después de estar tan ciego, comenzó a ver la luz (gracias a las sombras de la muerte)…trató de salir del oscuro callejón donde se había encerrado, y meditó cómo se había alejado de su vida, y cada vez más del destino que tanto había esperado…la muerte en un momento de desesperación le ofreció un destino, el cual fue perdido con el tiempo, malos cuidado por mantener su apariencia y vanidad…oh sorpresa para el hombre, otra mentira…un destino falso, manipulado por la muerte para tenerlo de nuevo a sus pies…

…el hombre débil, cayó muchísimas veces a los pies de la muerte, aún sabiendo ya de todas las mentiras que ella le decía, el seguía allí, ¿era esto algún embrujo?, nunca lo sabremos…

…sin embargo la vida, con paciencia, paz y tranquilidad, buscó al hombre nuevamente, y ofreciendo miles de regalos de trabajo, realización y ayudándolo a levantarse, limpiándole todas sus heridas, le dio una oportunidad más, le mostró su destino, un camino muy difícil de seguir y comenzar, el cual acaricio al hombre con ternura…

…después de un tiempo el hombre comenzó el nuevo camino, hizo frente a su destino junto a su eterna vida…

…este buscó a la muerte, y está en una orgia de sombras, al verlo lloró, mas cuando se acercó a él, este solo pudo decir, recuerda que – “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso, ni jactancioso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor es sacrificio. Es poner la felicidad de alguien por encima de la tuya”–

…ese día la muerte aprendió una lección, dada por un mortal…y hasta la fecha sigue luchando consigo misma…y oculta su tristeza aprovechándose de cuantas almas débiles encuentra en su camino, y creen su falsa bondad…

Contada por: Lichita

Dedicada: a ti

Compartida por Mr. J

Acostado en cama, silencio alrededor, tranquilidad total, vacío de horas, paz demoníaca, sentí tus caricias en la espalda, soledad total, tu seguidilla de  besos en mi nuca, tu aliento putrefacto…temía por mi vida…y así te busqué …mas solo encontré el roce de tu vestido de seda, en tu huida, y las marcas de la muerte en mi cuello…

Compartida por: Mr. J

En Los últimos reyes de Thule se refiere que un oso macho se enamoró locamente de una mujer esquimal. La visitaba todos los días en su igloo tan pronto como la mujer se quedaba sola. Y ella sonreía cuando el oso entraba.

El marido había salido a cazar, a cazar precisamente a este oso, que se llamaba Nanuk. Y entretanto, la mujer y Nanuk se hallaban uno en brazos de otro.

—Oye, mujercita —dijo el oso–, yo vivo allá arriba, en lo alto de la montaña. Hay que caminar dos horas para llegar hasta allí. Mi igloo es muy bonito…, pero en él vive un pobre oso que se aburre solo. Me gustaría tener una mujer, ¿sabes? Una Linda mujercita como tú.

Ah, pero no le digas nunca a to marido donde vivo yo. Piensa que si se lo haces, yo puedo oírlo dentro de mi corazón.

—Está bien —respondió la mujercita, acurrucándose contra el velludo y cálido pecho de su amante.

Los días fueron transcurriendo y el hombre aún no había dado muerte al oso. Por ello estaba cada día de mal humor. A veces husmeaba el aire y decía:

—Oye, Tipi, es curioso: aquí dentro huele mal; casi diría que huele a oso.

—No digas eso —respondía la mujer—. Se trata de tus botas, que precisamente estoy remendando y qua despiden un fuerte olor.

El marido Innuk, sin embargo, se volvía cada vez más huraño y llegó un momento en que ni siquiera tenía ganas de amar. A pesar de ello, su pequeña mujer hacía todo lo posible por agradarle: le cosía bien la ropa, tenía limpia la casa y la comida a punto.

— ¡Todo me da igual! —murmuraba Innuk.

Cierta noche, cuando él había rechazado a su mujer y ésta se hallaba casi desnuda al borde de la caba, ella acercó su boca al oído de su marido y susurró:

—iNa… nuk!…

El hombre dio un salto y rápidamente cogió el arpón. —Nanuk, ¿dónde? ¿Dónde está?

—Cálmate —dijo ella para tranquilizarle, y de nuevo le susurró al oído—: Allá arriba, en la montaña; hay que caminar dos horas para llegar. Allí está, ¿sabes?

Innuk salió corriendo del igloo. Lo más deprisa que pudo se dirigió con sus arpones y con los perros hacia la montaña. Pero una vez estuvo en la cima, vio que el igloo del oso estaba vacío. El corazón de Nanuk lo había oído todo y dos gruesos lagrimones rodaron por su piel hasta su negra y húmeda nariz.

Mientras tanto, la mujer estaba acostada sobre la “eegla” y con sus uñas escarbaba la nieve. Entonces bajó el oso, como un trueno, de la montaña. Corrió dando resoplidos, furioso, en dirección al igloo… Le­vantó su poderosa zarpa. Pero no; solo aplastó el techo y se alejó corriendo. Su espalda estaba encorvada y sus patas anteriores vacilaban como las de un viejo.

Traicionado y desgraciado, siguió lentamente su camino hacia la montaña para no regresar nunca más.

 

Bibliografía

Repollés, J. (1979). Las Mejores Leyendas Mitológicas. España: Editorial Bruguera, S.A.