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Flor – hermosa india de grandes ojos negros – amaba a un joven indio llamado Agil. Este pertenecía a una tribu enemiga y, por tanto, solo podían verse a escondidas. Al atardecer, cuando el Sol en el horizonte arde como una inmensa ascua, los dos novios se reunían en un bosquecillo, junto a un arroyo juguetón, que ponía un reflejo plateado en la penumbra verde.

Los dos jóvenes podían verse solo unos minutos, pues de lo contrario despertarían las sospechas de la tribu de Flor. Una amiga de esta – una amiga fea, odiosa – descubrió un día el secreto de la joven y se apresuró a comunicárselo al jefe de la tribu. Y Flor no pudo ver más a Agil.

La Luna, que conocía la pena del indio enamorado, le dijo una noche: – Ayer vi a Flor que lloraba amargamente, pues la quieren hacer casar con un indio de su tribu. Desesperada, pedí a Tupa que le quitara la vida, que hiciera cualquier cosa, con tal de librarla de aquella boda horrible. Tupá oyó la súplica de Flor: no la hizo morir, pero la transformó en una flor. Esto último me lo contó mi amigo el viento.

  • Dime Luna, ¿En qué clase de flor ha sido convertida mi enamorada?
  • ¡Ay, amigo, eso no lo sé ni lo sabe tampoco el viento!
  • ¡Tupá, Tupá! Gimió Agil -. Yo sé que en los pétalos de Flor reconoceré el amor de sus besos. Yo se que la he de encontrar. ¡Ayúdame a encontrarla tu que todo lo puedes!

El cuerpo de Agil – ante el asombro de la Luna – fue disminuyendo, disminuyendo, hasta quedar convertido en un pequeño y delicado pájaro multicolor, que salió volando apresuradamente. Era un colibrí.

Y, desde entonces el novio triste, en una bella metamorfosis, pasó sus días besando ávida y apresuradamente los labios de las flores, buscando una, sólo una.

Pero según dicen los indios más viejos de las tribus, todavía no la ha encontrado…

 

Bibliografía

Perés, Ramón. (1973). La Leyenda y el Cuento Populares. Barcelona: Editorial Ramon Sopena, S.A.