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Siempre se habla de gente que vas más allá del promedio, ya sea fuerza, velocidad o inteligencia, esto es normal y a veces el romper esta norma, puede ocasionar que alguien se vuelva famoso, en la actualidad hasta puedes salir en televisión, si realizas proezas más allá de la que una persona común. Pero esto no es nuevo y en Baja California tenemos el caso de un señor que su fuerza extraordinaria lo convirtió en leyenda.

Don José Flores, conocido ampliamente en la Purísima y San Isidro se ha vuelto una leyenda. Apenas rebasaba el 1.65 de altura, de voz aguda, nativo del estado de Jalisco a finales del siglo pasado y con piernas cortas extremadamente fuertes.

Según testigos como familiares aún vivos llegaron a relatar que sus piernas eran descomunalmente gruesas llenas de venas que se hinchaban y parecían que iban a explotar, cuando levantaba objetos que solo él podía levantar, muchos aseguraron que si hubiera sido llevado alguna olimpiada seguro la gana, nunca se ha vuelto a ver nadie similar por la región.

Era una persona sencilla y respetuosa, solo utilizaba sus habilidades superiores para sobrevivir o para servir a los demás, como cuando la familia Osuna lo contratò para que llevara a una señora enferma desde San Miguel de Comondú a Mulegé sentada en una silla que atò a su espalda, gracias a esto salvo su vida, pero fue un viaje muy difícil, ya que había que atravesar la sierra, y los caminos no eran tan amigables como ahora.

Existen pocos registros del que los pobladores llaman con cariño “El fuerte”, y todas sus hazañas han sido transmitidas por tradición oral, así que es difícil determinar dónde termina la realidad y empieza la fantasía.

Doña Rosario Osuna dama de alta sociedad de la época compro un piano en Mulegé, pero no encontró ninguna manera de trasladarlo, entonces se le ocurrió la idea de proponerle la tarea a “El fuerte”, el cual acepto, todos vieron partir con su cuerpo corto, sus robustas piernas y su caminar lento, pero indetenible. Sus ropas talvez recuerdos de su paso por el ejército internándose por la escarpada sierra. Siempre uso huaraches y unos minúsculos pantalones arremangados hasta las rodillas.

Muchos dudaron o hasta apostaron sobre su regreso, quizás tardo unos 20 o 30 días, pero un día por la mañana llego, con el piano en su espalda, atado a un mecapal que se sostenía en su frente y abrazaba la estructura musical, llego por San Isidro y lentamente recorrió los 3 km que lo separaban de la Purisima.

Recibió su pago y se retiró a descansar tranquilamente, después de eso nadie dudo de sus habilidades.

Su fuerza fue descubierta de manera casual ya que su aspecto físico no la aparentaba, sus patrones de corte de caña le dieron una mula para que fuera por leña al monte. Cuando regreso traía una enorme carga sobre su espalda y a su lado la mula ociosa solo cabestreada.

Se cuentan muchas cosas como que una vez lo encontraron caminando con una caja de madera sobre su cabeza, y que dentro de la caja venían su esposa y dos de sus hijas.

Se casó con la señora Nestora Panchana, y tuvieron 10 hijos. 5 hombres y 5 mujeres, sus hijos y familiares recuerdan muchas hazañas, así como la alegría que les daba a los habitantes del pueblo cuando “El fuerte” decidía acompañarlos a traer leña, ya que significaba que volvieran con mucha leña de regreso.

Quedan pocos recuerdos de estos hechos, quizás uno de los más significativos fue el que se utilizó para realizar este relato.

 

Compartida por: Gilberto Ortega Aviles