Tag: muerte

En la empresa donde estoy trabajando uno de los socios me dio la oportunidad de poder visitar un lugar bellísimo y escondido de mi hermoso país, después de 6 horas de viaje en carretera y 45 minutos en lancha, llegamos a una finca “El Paraíso Perdido” en medio de la nada, rodeados de océano y pantanos, pude divisar 6 ranchos de visitas, la casa patronal, una sección de hamacas, y un rancho adaptado a ser la cocina y comedor, al momento de mi llegada, nos esperaban los ayudantes de la finca (ósea el guardián y su familia), personas que al verlas sonreír no despiertan ningún tipo de malicia, más seguridad y un alma pura, ayudaron con mi equipaje; y evitar que casi me ahogara al bajarme de la lancha, tropezarme con la orilla de la misma y caer directo al mar, en ese momento una intrépida mano me agarro de la camisa y saco de un tirón a flote…(no puedo dejar de sonreír al recordarme de ese momento)

Me dieron el mejor hospedaje del lugar, algo sencillo, mas no faltaba ninguna comodidad en la misma, simplemente la vista era una maravilla, todo alrededor era tal y como dice el nombre un “Paraíso”; No había nadie más hospedado en la finca, que hermoso tener este lugar solo para mí, mi pensamiento, mi…un merecido descanso…forzosamente me desconecte del mundo, sin tecnología, casi no se lograba señal de celular, mucho menos Internet, tras lograr de alguna forma encontrar un lugar especial y cabe mencionar único lugar donde raras veces entraba señal, aprovechaba para ver que estaba sucediendo leyendo alguna red social, sin embargo era una paz, estar lejos de todo…olvidarse de todo…de todo…

Caí rendido la primera noche, y no precisamente por cargar mi equipaje, más por cargar una vida tan desordenada y mierda que he tenido, en ese lugar haber encontrado paz de una forma casi automática, fue genial; esa noche no recuerdo haber tenido las fuerzas de ni si quiera haber soñado…lo único que me movió fue haber escuchado que alguien murmuraba mi nombre varias veces, pero al despertar sentí que eran las olas del mar que lo repetían sin parar…

Cuando tuve la fuerza de abrir los ojos, sentí que había dormido una eternidad, eran las 6 de la mañana, a lo cual no existía más remedio que levantarme, sí, me sentía renovado…después de una ducha, donde no necesitas agua caliente, porque de por si sale caliente…me puse mi short, y salí a apreciar el lugar…era magnifico, no podía creer que estaba en medio de un reino pantanal, era indescriptible, aves que no había visto nunca, no digamos las plantas, esto no había tenido la oportunidad de apreciar como se debe el día que llegue, pudo haber sido por la hora, o porque simplemente venia maldiciendo que no tenía señal de celular; a través de unas palmeras y un ancla gigante puedes ver un camino que te lleva directo a ver la orilla del mar, el cual estaba como a 200 metros de la casa…¡fantástico!…que suerte la que tuve, fue lo único que paso por mi mente…

Llegue al comedor/cocina donde ya me estaban esperando unas damas muy simpáticas, una siendo la esposa del guardián y la otra la hija, Doña Dulce y Delmi, cuando me vieron sonrieron y muy amablemente me ofrecieron jugo de naranja, y una taza de café hervido,  preguntaron que quería desayunar, a lo que respondí que no importaba…lo que fuera más sencillo, al preguntar por el guardián, me comentaron que había salido a pescar…que no tardaba en regresar, que ellas estaban para ayudarme en lo que necesitara…el desayuno fue esplendido, me senté a la mesa y sirvieron una diversidad de platos, todos con un toque especial de la región, fue tanta comida que pregunte si había llegado alguien más, o esperábamos a otras personas…lo que respondieron con una negativa…no preste mucha atención, y seguí desayunando…

Ese fue un día de ocio completo, y por lo visto así serian el resto de días…caminar por la playa, horas de horas…ver a lo lejos las fincas de los vecinos…y kilómetros de arena, no podía imaginar el final…después de una mañana de descanso, llego el guardia (le dicen Chon, nunca supe su nombre) y se sentó a la par mía, preguntándome si necesitaba algo, que si todo estaba bien, a lo que solo pude decirle que todo era magnifico…él simplemente sonrió…

Le pregunte de la pesca que había visto que salía muy temprano, y me dijo que salen en la primera hora del día, para no perturbar el espíritu de ella, y ademas que los cuide en su lucha con el mar…

… ¿de ella? cuéntame más, le dije –

Pues mire, hace mucho tiempo aquí vivía un extranjero, un gringo así alto y canche, que tuvo una cría hembra con una de por aquí, este cuando supo que la había dejado preñada, se fue huyendo a la capital y no se supo de él…mientras que ella salió linda la muchacha, era distinta a muchas patojas de aquí, todos la pretendían, hacían cola para verla, le llegaban, pero ella no se dejaba de nadie, así paso el tiempo…hasta se llegó a pensar que estaba como embrujada, porque le caían todos los machos, de aquí, los mejores pescadores, los más fuertes, y así hasta los de más billete…y ella no les ponía atención…pero ella se miraba feliz…siempre se miraba feliz…aprendió a pescar, era así bien pilas, ayudaba en casa…cazaba en el pantano…era muy diferente a todas las mujeres de por aquí…pero a todos nos llega ese momento de enamoramiento, como dicen un roto para un descocido…y vino el hijo del dueño de la finca junto al faro…se conocieron en la playa, y ese mismo día él la hizo suya, allí en la arena…fue algo así como de magia, ambos se querían mucho…así muchísimo, ella pasaba todo el tiempo con él, y él no podía dejar de pensar en ella…se deseaban todo el tiempo…era un amor muy raro por aquí…al final de un tiempo, él quería llevarse a la niña a vivir con él en la capital…y salió a hacer todos los arreglos necesarios, para pedir su compromiso y al parecer quería desposar a la muchacha…ella no supo nada de él por un tiempo, y se miraba su desesperación y tristeza en su rostro…no dormía, no comía…lo esperaba sentada debajo del faro, día y noche…ya usted se dio cuenta que aquí no estamos muy comunicados, dice…después de tanto esperar…llego el chisme que lo habían visto en puerto…y venia en camino por la muchacha…al ella escuchar eso regreso a esa felicidad que la distinguía, la verdad todos nos alegramos por ella…imagínese…su gran amor venia por ella…el día que tomo la lancha para venir, hubo mal clima…pésimo clima…parecía que algo no quería que este enamorado llegara a su destino, muchos le dijeron que saliera otro día del puerto, pero él desesperado por ver a su amor…salió con dos lancheros expertos, de esos que todo lo pueden en el mar…y adivine ¿què paso?, esa lancha, esa única lancha que salió ese día, no llego a destino…los vientos arreciaron, las olas y marea era fuertísima…nunca habíamos pasado por una tempestad así, el mar entro hasta el canal del pantano…nos inundamos, fue algo nunca vivido aquí…lo más misterioso que así, como comenzó así termino, de inmediato salimos todos en lanchas, porque sabíamos que ellos venían en camino, a buscar…no le miento que buscamos, y buscamos, y buscamos por horas…y fue como si el mar se los hubiera tragado, fueron horas de horas, y nada…al regresar ella estaba en la orilla, tenía una mirada de esperanza, la cual cambio así inmediato, al ver nuestro regreso no triunfal…fue como si le hubiera sacado la vida en ese momento…y lloro…las comadres las trataron de consolar, y nada quería la niña…solo lloraba…no decía nada…muchos dicen que el rey del mar, celoso de ese amor le quito la oportunidad de ser feliz, porque el también amaba a la muchacha…

¿qué paso con la muchacha? – le pregunte

ah…si la muchacha…perdió el brillo, se hundió en tristeza y caminaba entre sollozos y lágrimas en la playa por mucho tiempo, tenía la mirada perdida en horizonte como queriendo encontrar a su amor…dicen que un día, se levantó en los primero rayos del sol, a “pescar”, ella sola tomo su lancha y partió, nunca se supo nada mas de ella…dicen por allí, que cuando paso la reventazón se tiro al mar y nado hasta lo más profundo buscando a su amado…después de que se perdió, pasaron cosas raras…dicen muchos escuchar su voz, llamando su nombre…pero solo aquellos que han perdido un amor, solo aquellos que aun lloran un amor, que tienen el corazón roto…muchos dicen que los llamados los hipnotizan, que llegan al mar y se tiran en busca de ese amor que los lastimo, o que no han olvidado…algunos que quedan vivos, juran haberla visto, en la orilla y que ella los salva de ahogarse, pero amanecen con grandes moretes en el cuerpo, medio ahogados en la orilla del faro, cabal donde ella se sentaba a esperar…pues, no sé, eso cuentan los que han quedado vivos…por eso tomamos la tradición de pedirle su ayuda en la pesca, su protección, y salir después de la hora que se estima que ella salió al mar, nunca antes…es de mala suerte…

…quede fascinado con la historia, no lograba sacarme de la mente como alguien podría llegar a amar tanto a alguien que dio su vida por estar con él, y seguramente estarán en el fondo del mar, riendo y amándose como se merecen…después sentí un escalofrió, ya que recordé de las voces que llamaron mi nombre una noche antes; la cabeza me comenzó a jugar de una manera no justa…ya que me acababan de romper el corazón, y no la he podido olvidar…

…esa noche sucedió, la historia se volvió realidad, me fui a recostar cuando sentí un manto suave acariciar mi espalda, no bien despierto escuche como me llamaban de nuevo, y eras tú, si tú la que me rompió el corazón, por la que pase noches en vela, y en algún momento llore otras más…te seguí, te busque…y efectivamente, sentía esa presión de irte a buscar, salí corriendo y llegue a la orilla del mar…me sentía completamente despierto, cuál fue mi sorpresa que cuando me tire a buscarte, no fue tu rostro el que vi, más el de una muchacha, con rasgos similares a los lugareños…era la muchacha de la historia, que me llevaba al mar…y no podía decir que no…trate, luche, ni mi mente, ni mi cuerpo me hacían caso…trate de gritar y no pude emitir un sonido; ya que era demasiado tarde, estaba tragando agua…me estaba ahogando, y fue cuando paso lo que al final me salvo, subí la mirada para decir adiós, cuando vi una silueta…y sentí como de alguna forma me tomaron del brazo, me jalaron de tal fuerza, que no pudieron contenerme bajo el agua…lo otro que recuerdo, es que sentí tu aroma, y tu dulce voz diciéndome: – “no es tu momento aun”…entre abrí los ojos…a lo lejos observe tu silueta…

Amanecí tirado en la orilla del mar, frente a mi estaba el imponente faro…en las piernas me aparecieron unos moretes, como si alguien me hubiera jalado con una fuerza descomunal…el hombro derecho lo tenía zafado, y los dedos marcados en el antebrazo como si dos personas me hubieran querido partir en dos…esa es mi historia…ese fue el final, y el inicio de un año más…

Compartida y escrita por: Mr. J

A finales de 1790 en los alrededores de la pequeña comunidad de Tarrytown, New York, existía un solitario valle, hogar de demonios y seres espectrales. Entre estos había uno que regia sobre los demás: el espíritu de un jinete decapitado que atravesaba el lugar a toda velocidad sobre un negro e imponente corcel. Hubo quienes creían que se trataba del ánima de un soldado de Hesse a quien una bala de cañón arrancó de cuajo la cabeza mientras galopaba en batalla. Desde entonces, su fantasma se dedicó a deambular por el valle de sleepy hollow en busca de su testa perdida. Su cuerpo – se pensaba – estaba enterrado en el camposanto junto a la vieja iglesia del pueblo, donde algunos valientes decían haber visto al endemoniado caballo amarrado a una de las tumbas justo antes del amanecer.

Si alguien tenia la mala suerte de estar en el bosque durante la noche, corría el riesgo de encontrarse con el jinete. Este se contentaba con dejar oír el ruido de los cascos de su bestia para provocar el pánico. Pero otras veces, si su victima iba montada, se colocaba a su par o galopaba detrás de ella, persiguiéndola en una enloquecida carrera tras la que sólo quienes eran lo suficientemente rápidos y diestros vivían para contarlo.

Uno de los cuentos populares en los que pudo inspirarse, es la llamada “Caza salvaje”. Según la versión más expandida del mito, éste es una partida de cazadores fantasmas montados a caballo que junto con sus enormes sabuesos, procedentes del infierno, se hallan inmersos en una desenfrenada carrera a través del cielo y la tierra. Algunos creen que estas ánimas se encargan de perseguir por las noches a los pecadores y a aquellos no bautizados, como se relata en una leyenda de los Países Bajos, en la que al morir, el espectro de la concubina de un cura católico es perseguido por estos seres, dejando escapar alaridos que, junto con los ladridos de los perros y el trote de los caballos fantasmales, hielan la sangre de quien los oye.

Dependiendo de la región donde la leyenda se cuente, este grupo puede ser liderado por un guerrero o señor de gran importancia, como el rey Arturo de Gran Bretaña, o una deidad, como ocurre en los países nórdicos, donde se creía que se trataba del dios Odín montando a lomos de su caballo de ocho patas Sleipnir. En una de las tantas versiones del folclor inglés, quien encabezaba la marcha era el rey Herla, monarca que luego de haber sido convidado a la montaña de los enanos fue advertido de no apearse de su caballo hasta que un perro de caza que iba en su silla de montar bajara primero. Trescientos años después se dice que tanto él como su comitiva siguen galopando.

El líder de la Caza Salvaje también podía tratarse de un personaje de la historia de cada localidad. Como en la leyenda alemana, donde un caballero tan aficionado a la caza se atrevió a continuar su pasatiempo incluso en domingo, día de asueto. En una de estas jornadas persiguió a su presa hasta los pies del altar de una iglesia en medio de la ceremonia, y ahí mismo le dio muerte. El sacerdote enojado ante la falta de respeto maldijo al cazador. Del suelo salieron varios enormes perros que tomaron al caballero entre sus dientes y lo hicieron pedazos. Desde entonces, durante las noches de tormenta se puede ver al espectro en busca de alguna presa que deberá llevar al infierno.

La comitiva que acompañaba a estos seres malditos estaba compuesta por almas perdidas que en tropel pasaban a gran velocidad presagiando catástrofes, guerras, epidemias y muerte. En algunas latitudes sólo se escuchaba el aullido terrible de los sabuesos ladrando de manera semejante al trueno. Cuando algún desafortunado llegaba a encontrarse con ellos, la única forma de salvar la vida era echarse pecho tierra y cubrir su cabeza, entonces los perros y caballos pasaban por encima sin hacerle daño. En cambio, si no lo hacía podía quedar atrapado por el sequito y ser arrastrado cientos de kilómetros lejos de su hogar, o morir atropellado. Si perecía, su destino era convertirse en un jinete más de esta terrible escuadra, que a veces vista en conjunto tenia la apariencia de un gran caballo blanco.

En las leyendas iberoamericanas existen también algunos jinetes fantasmales. En México el más conocido en el “Charro Negro”, ente que pasea en un caballo azabache por las calles de los pueblos ofreciendo un saco de monedas a quien lo vea; aquellos que aceptan serán condenados. Otra historia es la de “El sin cabeza”, este fantasma originario de Guanajuato es el alma en pena del forajido Gregorio Paredes, quien se cree ocultó un tesoro que pretendía dar a los pobres; sin embargo, murió y fue decapitado sin lograr su cometido, por lo que ahora deambula por la zona montando sobre su caballo en busca de alguien que desentierre el tesoro y lo reparta entre la gente.

Una de las historias mas antiguas en la que aparece un jinete decapitado, es el romance medieval Sir Gawain y el caballero verde, escrito a finales del siglo XIV. En él, un hombre cuya piel y ropas son de tono verde llega hasta Camelot, donde se hallan el rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda. Desafiante, los reta a pelear contra él y asestarle un golpe, el cual les promete devolver luego de un año. Sir Gawain, sobrino de Arturo y uno de sus más valientes hombres, se ofrece a luchar y, luego de un fiero combate, decapita al extraño. Mientras que todos los presentes observan la cabeza rodar por el suelo, el cuerpo del forastero verde se levanta para recogerla. Después la coloca bajo su brazo y se marcha, no sin antes recordar a Sir Gawain que el año próximo seria su turno de cortarle la cabeza. Un año después sir Gawain cumple su promesa y lo busca para sufrir el mismo destino, mostrando de este modo su honor y valor.

La visión de un hombre decapitado montado a caballo produce un miedo primigenio y cierta terrible fascinación, lo cual podría explicar porque este tipo de historias fantásticas atemorizan a chicos y grandes a pesar del tiempo.

Bibliografía

Extractos sacados de Muy Interesante (2016). Mitos y Leyendas.  Editorial GyJ Televisa S.A. DE C.V.

Camino de tinieblas – en las creencias de diferentes culturas, estos reinos de los muertos o inframundos han representado un papel de suma importancia porque se piensa que aminoran el temor a lo desconocido. Para el Imperio egipcio, por ejemplo, morir era un importante acontecimiento, una etapa de transición a una vida eterna; sin embargo, el camino en el “valle” de los no vivos presentaba pruebas difíciles, donde fuego y seres terribles debían enfrentarse. Por tal motivo se crearon manuales de sortilegios como el conocido Libro de los muertos (o libro para salir al día, utilizado hacia 1550 a. C.). Una vez superado este reto, seguía un juicio en el que la deidad superior Osiris, pesaba los corazones en una balanza. Si los pecados no eran relevantes, se podía acceder al “Campo de los Juncos”, sitio donde se disfrutaba de la eternidad e incluso se podía renacer. Por el contrario, las mentiras, asesinatos o el robo, daban más peso a los corazones, por lo que sus dueños eran ofrecidos a Ammit, la Devoradora, que “mataba por segunda vez” y eliminaba para siempre a los indignos.

Este enfoque sombrío corresponde también a la visión que los sumerios y babiloneos tenían sobre la muerte. Para ellos se trataba de un lugar tenebroso del que no se vuelve jamas; ni siquiera los dioses más poderosos, como Inanna, eran capaces de regresar por sí mismos de esa oscura región. Ahí, los rangos sociales, los pecados o las virtudes no tenían cabida, pues todos se volvían iguales ante la pareja del inframundo, Nergal y Ereshkigal.

Gritos bajo la tierra – El Hades, el inframundo de los mitos griegos, tenía reservados sitios de descanso y retribución como los egipcios: por una parte, las almas de los héroes y las personas virtuosas podían alcanzar los Campos Eliseos y las islas de los Bienaventurados; por otra parte, aquellos que encendían la ira de los dioses o cometían grandes crímenes iban al Tartaro, la zona más profunda de aquel submundo, un sitio de dolor y sufrimiento sin límites. Personajes como el mentiroso y asesino Sísifo, o Ixión, el mortal que intentó seducir a Hera, convivía con monstruos como los Titanes y los Hecatónquiros, gigantes con 50 cabezas y un centenar de brazos. Las almas que no correspondían a uno u otro sitio – que era la mayoría – habitaban en alguna de las regiones del Hades, a través de las cuales surcaban cinco ríos que llegaban hasta las fronteras con la tierra de los vivos y que sólo Caronte, el barquero espectral, podía cruzar. Hades reinaba sobre aquel lugar junto con Perséfone, su esposa, en tanto Radamantis, Éaco y Minos dictaba con justicia el destino de los muertos. Una regla reinaba por sobre las demás: todos entraban al Hades, pero nadie salía, y el guardián Cerbero se encargaba de cumplir la consigna. Normas similares existieron en otras culturas, pues es aceptado que nadie vuelve de la muerte – aunque se pueden contar unas cuantas excepciones, por lo general héroes o personajes semidivinos -.

Terror aquí – Pese a las marcadas diferencias culturales y temporales, los inframundos, sobre todo en lo referente al infierno, muestran características similares, como su naturaleza ígnea y el que han sido ubicados al interior de la tierra. Varios pueblos han creído que el reino de los muertos existió de verdad, y que ciertos cráteres o cuevas servían como sus entradas. Una de las más famosas fue la localizada en el cráter Averno, al sur de Italia, por el cual, según la leyenda, Heracles ingresó para atrapar a Cerbero, la última de sus legendarias pruebas o “doce trabajos”. Otro sitio es la cueva (o pozo) de la isla Lough Derg, en Irlanda del Norte, donde se supone que Jesucristo mostró a San Patricio la puerta del purgatorio. Los conquistadores españoles, por su parte, creyeron encontrar en Centroamérica un acceso más, pues los indígenas que habitaban cerca del volcán Masaya, en Nicaragua, les habían dicho que ahí residían los muertos. Para mantener tranquilos a los habitantes de ese otro mundo, se hacían sacrificios lanzando hombres, mujeres y niños al cráter.

Hasta ahora no se han conseguido evidencias científicas de que exista la vida después de la muerte, y por tanto es improbable que las visiones terroríficas y sublimes de ese plano existencial tengan un dejo de realidad. Como menciona el filósofo inglés Francis Bacon (1561 – 1626), el miedo natural que se experimenta ante la muerte quizá sea aumentando precisamente por las historias que se cuentan sobre ella.

Bibliografía

Extractos sacados de Muy Interesante (2016). Mitos y Leyendas.  Editorial GyJ Televisa S.A. DE C.V.

…mi cabeza no me deja…esas dementes y perturbantes imágenes que no me dejan vivir en paz, que me molestan, me visitan, me distraen de mi día a día, los veo, se burlan…cada uno de ustedes por alguna razón tome su vida…interrumpen mi pensar, mi amor, mi pasión…como pude dejar que alguien me hiciera recordar… hacer vivir mi pasado de nuevo… ¿que en algún momento fue quien me definió?…o ¿quién todavía soy?…es pasado eso quiero pensar, eso quiero desear, lo dejo a un lado, necesito de tu ayuda…mi ayuda para cerrar ese capítulo, del cual no quiero recordar…mucho menos regresar…

Esas almas no me dejan de molestar, recuerdo cada momento que estuve con ustedes, y siento su ultimo suspirar, ¿satisfacción?…no lo creo, más tristeza al saber que el hombre está lleno de maldad, y…yo fiel prueba de eso soy, no quiero recordar…

…no quiero sentir ese último aliento, ni el calor de tu sangre caer sobre mi piel, no deseo ver tu rostro vacío, al ver que tu alma se ha ido…no deseo pensar ni recordar, que sentía al devorar tu ser…estoy destruido, mi mente no puede dejar de pensar en ese momento, o esos momentos… ¿dónde voltee mi ser para volverme quien no soy?,… necesito de ti, para que me regreses a mí, y esas almas me dejen de molestar, de perturbar mi sueño, que se vuelven pesadillas, ya no quiero soñar…no puedo descansar…de lo cual cada día estoy más lejos de poder realizar…

…no puedo borrar sus imágenes que luchó por encerrar dentro de mí…y nunca más saber o recordar de donde salí…no me importa olvidar buenos momentos, más si deseo olvidar todos esos malos recuerdos…destruyó esas imágenes, y ahora me visitan estando despierto…tú eres más fuerte que eso y regresa a ser quien últimamente te has estado convirtiendo, lucha con ese demonio…que solo pone a prueba tu buen actuar…

Esas almas que en algún lugar de mi ser, gritan de angustia…pido una disculpa…porque no soy digno…les pido, ochenta y cinco almas…déjenme vivir en paz…

 

Compartido por: Mr. J

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Deseaba el emperador ing-Noang poseer la doncella de más perfecta belleza de todo su imperio; pero aunque hacía años que hiciera buscar, no le satisfacía ninguna de las que le recomendaban. Al fin alguien dio con una muchacha muy joven de maravillosa hermosura, que vivía muy retirada con su familia, y se la presento al emperador, quien tan prendado quedó de ella, que ya no quiso separarse más de su lado. Donde iba el emperador iba también su mujercita, y nada deseaba ésta que no lo obtuviera inmediatamente. Su familia fue distinguida con títulos de nobleza, y construyó una casa de oro con ricos miradores de jade para recreo de la afortunada favorita, cuya fama se esparció por todos los países vecinos. Tanto, que movió la envidia de uno de sus reyes, sumamente poderosos, el cual se propuso arrebatarle a la joven Ming-Noang, atacándole para ello con todo su ejército. Acabaronse los placeres de la paz: suenan los tambores; álzase el pueblo en armas; ruedan los carros de combate arrastrados por los caballos; una nuevo de polvo oscurece el horizonte, más allá de las ciudades…

El equipo imperial lleva ya recorridas más de cien leguas…de pronto se para…es que todos los que conducen se niegan a dar un paso más…es que, para ellos, entre la guerra con el extranjero por culpa de la codicia posesión de una favorita, y la muerte de ésta, no cabe duda: lo segundo se impone, en vez de sacrificar al pueblo por ella…y el emperador, acobardado, cede…sobre la tierra están ya esparcidas todas las joyas de la joven que va a morir, mientras aquel se cubro la cara con las manos, avergonzado, y llora desconsoladamente como una mujer, por no haber podido salvar como hombre a la que ama…

Al pie de una montaña, rincón por donde es raro que alguien pase, quedaran los restos mortales de la desdichada víctima, merecedora de mejor suerte y más valeroso enamorado, quien debió morir con ella. Cuando éste regresa a palacio, todo cuanto le rodea parece recriminarle y llorar la muerte de la infeliz joven, desde los tristes servidores hasta la naturaleza misma, que tan sonriente lo vio antes. ¡qué fría soledad reinaba ahora!

Pasan años y aunque el emperador no haya olvidado a la muerta, nunca en sueños ha podido ver su espíritu, según desearía; pero como él cree que los espíritus pueden evocarse, acoge con el mayor gusto el ofrecimiento que para su caso le hace un sacerdote de su religión. Dicele éste que, tras difíciles viajes de indignación, ha descubierto una montaña junto al mar en la que solo habitan inmortales mujeres, en transparentes pabellones que se elevan entre las nubes. Gozan del privilegio de inmortal belleza que aún conservan en su forma corpórea, llevando el mismo nombre que tuvieron en el mundo. Precisamente entre ellas ha hallado a la favorita, que no estaba más que dormida en magnífico lecho con cortinajes de hilos de perlas. Cuando es despertada en su sueño por el que le habla en nombre del emperador, ríe y llora a un tiempo, se interesa vivamente por todo lo concerniente a él, y muéstrase muy agradecida de que aún se acuerde de ella. Desde la separación de ambos, dice, ya no vivía más que en la eternidad. Pero ahora, da al inesperado mensajero, para que se los entregue al emperador, un alfiler y un brazalete de oro diciéndole: – “Si hay tanta pureza en el amor que por mi siente aún el emperador como lo hay en este oro, todavía podremos reunirnos sin que existan para nosotros fronteras entre el cielo y la tierra. Y, como ultimo encargo, decidle que se acuerde de que el séptimo día de la séptima luna, a medianoche, elevamos al cielo nuestro deseo de que nos transformara en él en dos pájaros que volaran siempre juntos, o, en la tierra, en dos entrelazadas ramas de un mismo árbol.”

He aquí lo que el supuesto evocador de espíritus le dice al fantástico emperador de la leyenda…y he aquí también como con ello nos da un símbolo de cuán superior al egoísta amor del hombre es el de una sencilla mujer, que, aún después de muerta, perdona y sigue amando al que permitió le quitaran la vida.

 

Bibliografía

Perés, Ramón. (1973). La Leyenda y el Cuento Populares. Barcelona: Editorial Ramon Sopena, S.A.

Esta historia la escuché hace muchísimo tiempo, ahora es momento de compartirla…una sabia señora siempre decía que yo iba a encontrar dos maneras de seguir adelante, una a través de los ojos de la vida, y otra a través de los ojos de la muerte, por lo que ella me cuenta lo siguiente…

Hace mucho tiempo, cuando el tiempo no era aún tiempo, la vida y la muerte eran unidas, las dos de inigualable belleza, gran corazón, muy similares en muchas características, como bien diferentes en otras, lo que más las diferenciaba era el deseo de ser vistas por otros seres, la vida era humilde, sabia y reconocía perfectamente que era bella por dentro y fuera, la muerte era hermosa, un ejemplar divino, mas le encantaba que otros seres se lo recordaran, su vanidad era demasiado grande, no sabía cómo darse su lugar, y siempre buscaba que otros le admiraran…

…con el tiempo, se decidió el nacer del hombre, con su magnífica figura…ambas admiradas por este, desearon conocerlo, mas bien poseerlo, poco a poco se le acercaron, le coquetearon y a su vez ofrecieron miles de regalos; el hombre incrédulo de su suerte, se fue admirado por ambas. Pasando el tiempo, llego el punto donde la vida le otorgó toda su belleza emocional y física por igual, le enseñó el encanto de sus alrededores, lo guio por un buen camino, un camino difícil, lleno de tropiezos, sin embargo siempre estuvo a su lado, animando para que nunca se diera por vencido, esto enseñó al hombre a ser fuerte, perseverante…aun este no se diera cuenta que la vida siempre estaba a su lado, ella entre las sombras, siempre estaba ayudándolo a seguir adelante, el hombre satisfecho, con la vida, decidió rendirle homenaje a esta, y ella agradecida le otorgo su más grande regalo que fue un destino, bello, en paz, lleno de tranquilidad, sereno…

…al ver, la muerte de la felicidad que poseía el hombre con su vida, decidió ofrecer por igual, y haciendo del camino del hombre más fácil, lo hizo desearla, se creó esa conexión de dos amantes y este opto por seguirla ciegamente, a desearla, él loco por ella no le importó dejar a un lado su vida, pero la muerte estaba llena de sorpresas, porque ella no daba nada sin esperar nada a cambio…ella lo deseó sin igual, pero ella a escondidas del hombre deseaba a las sombras que la seguían…secretos, mentiras se fueron tejiendo sobre lo que la muerte ofrecía, nunca le fue honesta al hombre, siempre manipulaba la situación de forma que él se sintiera mal…el hombre enamorado de sus virtudes, se comenzó a entregar, mas la muerte solo deseaba ser vista, querida por alguien más, por lo que comenzó a absorber el alma de este, su espíritu, su felicidad; el hombre opacándose y sintiendo una tristeza profunda porque no era correspondido de la misma forma que la muerte pedía, comenzó a ocultarse en la oscuridad…el hombre ya estando por desfallecer, entre una perdición total, se le acercaron las mismas sombras que seguían a la muerte, estas se dieron cuenta del daño que ella le hacía, y sin dudarlo le enseñaron toda la verdad hasta guiar al hombre a descubrir todas sus mentiras…este cayó en trance de tristeza intensa…pensando en dejarlo todo a un lado…

…el hombre defraudado comenzándose a hacer a un lado, y la muerte mostrando frente a él a sus amantes, le rogó que no lo buscara más…esta guiada por los celos, y sin saber lo que sucedía a su espalda. La muerte lo buscaba con insistencia, pero con más mentiras luego de ver que lo perdía, ya que el hombre después de estar tan ciego, comenzó a ver la luz (gracias a las sombras de la muerte)…trató de salir del oscuro callejón donde se había encerrado, y meditó cómo se había alejado de su vida, y cada vez más del destino que tanto había esperado…la muerte en un momento de desesperación le ofreció un destino, el cual fue perdido con el tiempo, malos cuidado por mantener su apariencia y vanidad…oh sorpresa para el hombre, otra mentira…un destino falso, manipulado por la muerte para tenerlo de nuevo a sus pies…

…el hombre débil, cayó muchísimas veces a los pies de la muerte, aún sabiendo ya de todas las mentiras que ella le decía, el seguía allí, ¿era esto algún embrujo?, nunca lo sabremos…

…sin embargo la vida, con paciencia, paz y tranquilidad, buscó al hombre nuevamente, y ofreciendo miles de regalos de trabajo, realización y ayudándolo a levantarse, limpiándole todas sus heridas, le dio una oportunidad más, le mostró su destino, un camino muy difícil de seguir y comenzar, el cual acaricio al hombre con ternura…

…después de un tiempo el hombre comenzó el nuevo camino, hizo frente a su destino junto a su eterna vida…

…este buscó a la muerte, y está en una orgia de sombras, al verlo lloró, mas cuando se acercó a él, este solo pudo decir, recuerda que – “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso, ni jactancioso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor es sacrificio. Es poner la felicidad de alguien por encima de la tuya”–

…ese día la muerte aprendió una lección, dada por un mortal…y hasta la fecha sigue luchando consigo misma…y oculta su tristeza aprovechándose de cuantas almas débiles encuentra en su camino, y creen su falsa bondad…

Contada por: Lichita

Dedicada: a ti

Compartida por Mr. J

Recostado en una banca del lindo parque central de Antigua Guatemala, viendo al cielo, y adormitándome, era temprano, antes de mediodía, no recuerdo la hora exacta…sentí un brisa tocar mi rostro, una delicia de caricia alrededor de mis ojos, y dibujar mis cejas…me quede deseando más…sentí tu respiración cerca de mí, tus extraños y conocidos labios comenzaron a tocar mi cuello, tu aroma invadió mi espacio, mi olfato…mi paladar…no quería despertar, deseaba que el tiempo se detuviera…más lo que se detuvo fue mi respirar…una ansiedad perturbo mi paz…

…abro los ojos con lucha de no perder la vida, y allí estas…vestido de lino blanco, tus ojos negros como la noche o la muerte que me avecina, sonríes…no lo hago de vuelta…bajo la mirada y con un dolor profundo…me retiro…

…me atacan tus demonios, o serán los míos…más el frio de tus uñas desgarran mi piel al darte la espalda…mis cicatrices…todas las que me has dejado están frescas y cada vez que te veo, que te siento, que me buscas, sangran…

…he caído de rodillas mil veces por ti, en mil realidades…ese espíritu de bondad que aparentas ser, en los sueños de muchos, en la mirada de los que te siguen…sabemos que la verdad es distinta…sos una figura de maldad, de angustia, juegas con las almas y te satisface verlas sufrir…o por lo menos con la mía…que te mantiene con vida saber que me lastimas con tu actuar…

…todas mis heridas las sano con oro, para enseñarlas con orgullo…porque he sido derrotado, más nunca me he dado por vencido…eres la muerte…eres mi muerte…! No es mi momento¡…solo eso te digo…

Compartida por: Mr. J

He aquí la historia que me contó Chen Lin-cheng; Un viejo amigo suyo estaba echado a la hora de la siesta, un día de verano, cuando vio, medio dormido, la vaga figura de una mujer que, eludiendo la portera, se introducía en la casa, vestida de luto; cofia blanca, túnica y falda de cáñamo. Se dirigió a las habitaciones interiores y el viejo, al principio, creyó que era una vecina que iba a hacerles una visita; después reflexiono: ¿Cómo se atrevería a entrar en casa del prójimo con semejante indumentaria?

Mientras permanecía sumergido en la perplejidad, la mujer volvió sobre sus pasos y penetró en la habitación. El viejo la examinó atentamente: la mujer tendría unos treinta años; el matiz amarillento de su piel, su rostro hinchado y su mirada sombría le daban un aspecto terrible. Iba y venía por la habitación, sin intención ninguna, al parecer, de abandonarla; incluso se acercaba a la cama. El fingía dormir para mejor observar cuanto hacía. De pronto, ella se levantó un poco la falda y saltó a la cama, sentándose en el vientre del viejo; parecía pesar tres mil libras. El viejo conservaba por completo la lucidez, pero cuando quiso levantar la mano se encontró con que la tenía como encadenada; cuando quiso mover un pie, lo tenía paralizado. Sobrecogido de terror, trató de gritar, pero, desgraciadamente, no era dueño de su voz. La mujer, mientras tanto, le olfateaba la cara, las mejillas, la nariz, las cejas, la frente. En toda la cara sintió su aliento, cuyo soplo helado le penetraba hasta los huesos. Imaginó una estratagema para librarse de aquella angustia: cuando ella llegara al mentón, él trataría de morderla. Poco después ella, en efecto, se inclinó para olerle la barbilla y el viejo la mordió con todas sus fuerzas, tanto que los dientes penetraron en la carne.

Bajo la impresión del dolor la mujer se tiró al suelo, debatiéndose y lamentándose, mientras él apretaba las mandíbulas cada vez con más energía. La sangre resbalaba por su barbilla e inundaba la almohada. En medio de esta lucha encarnizada el viejo oyó, en el patio, la voz de su mujer.

  • ¡Un fantasma! – grito en el acto.

Pero apenas abrió la boca, el monstruo desvaneció, como un suspiro.

La mujer acudió a la cabecera de su marido; no vio nada y se burlo de la ilusión, causada, pretendió ella, por una pesadilla. Pero el viejo insistió en su narración y, como prueba evidente, le enseño la mancha de sangre: parecía agua que hubiera penetrado por una fisura del techo y empapado la almohada y la estera. El viejo acerco la cara a la mancha y respiró una emanación pútrida; se sintió presa de un violento acceso de vómitos y, durante muchos días, tuvo la boca apestada, con un hálito nauseabundo.

 

Bibliografía

Narraciones Terroríficas, Antología de cuentos de misterio. Barcelona: Ediciones Acervo, 1968.

Autor: P´ou Song-Ling (1640-1715)

Yo amo a la noche con pasión. La amo como se ama a la patria o a una mujer: con un amor instintivo, profundo, invisible. La amo con todos mis sentidos: con mis ojos, que la ven; con mi olfato, que la percibe; con mis oídos, que escuchan su silencio; con toda mi carne, que las tinieblas acarician. Los pájaros cantan bajo el sol, bajo el aire azul, bajo el aire ligero, bajo el aire cálido de las madrugadas claras. El búho huye en la noche, negra mancha que cruza el espacio negro y, alegre, ebrio de negra inmensidad, lanza su grito vibrante y siniestro.

El día me cansa y me enoja. Es brutal y ruidoso. Me levanto con pena, me visto con lasitud y salgo a la calle con sentimiento. Cada paso, cada palabra, todos los gestos, cualquier pensamiento, me fatigan como si transportase una pesada carga.

Pero cuando el sol se pone me invade una alegría confusa, una alegría en todo mi cuerpo. Entonces me despierto, me animo y, a medida que la oscuridad crece, me voy sintiendo otro, más joven, más fuerte, más alerta, más feliz. Contemplo cómo se extiende la dulce oscuridad venida del cielo, cómo va invadiendo la ciudad cual ola inaprehensible e impenetrable. La oscuridad oculta, borra, destruye los colores y las formas y envuelve las casas, los seres y los monumentos en su imperceptible abrazo.

Entonces siento la necesidad de gritar de placer, como los mochuelos, y de correr sobre los tejados, como los gatos. Y un impetuoso, un invencible deseo de amar se apodera de mí, arde en mis venas.

Ando, me paseo, a veces por las avenidas sombrías, otras por los bosques vecinos a París, donde escucho los leves anclares de mis hermanas las alimañas y mis hermanos los cazadores furtivos.

Aquello que amamos con violencia acaba siempre por destruirnos. Pero ¿cómo explicar lo que me ocurre? ¿Cómo contarlo para hacerme comprender? No lo sé, no sé nada; sólo sé que es así. Helo aquí:

Ayer – ¿fue ayer?, Sí, sin duda; a no ser que fuera antes, otro día, otro mes, otro año… no lo sé. Debió ser ayer, sin embargo, puesto que no ha amanecido, puesto que el sol no ha vuelto a salir. Pero ¿cuánto tiempo lleva durando esta noche? ¿Cuándo?… ¿Quién puede decirlo? ¿Quién llegará a saberlo jamás?

Ayer, pues, salí, como todas las noches, después de cenar. El tiempo era magnífico, dulce, cálido. Mientras descendía hacia los bulevares, contemplaba sobre mi cabeza el río negro y pletórico de estrellas, dibujado contra el cielo por los tejados de la calle, que torcía y hacía ondular, como un verdadero río, el mundo siempre cambiante de los astros.

Todo brillaba bajo el aire suave, desde los planetas hasta los faroles de gas. Tanto fuego había en las alturas y en la ciudad que las tinieblas parecían luminosas. Las noches rutilantes son más alegres que los grandes días de sol.

Los cafés del bulevar resplandecían; la gente reía, se paseaba, bebía. Entré en un teatro, ¿en cuál? No lo sé. Es el corazón ensombrecido por el choque brutal de la luz, por el centelleo de la enorme araña de cristal, por la barrera de fuego de las candilejas, por toda la melancolía de aquella claridad falsa y cruda.

Fui a los Campos Elíseos, donde los cafés-concierto parecían focos de incendios entre el follaje. Los castaños, aureolados de luz amarilla, parecían fosforescentes. Los globos eléctricos, semejantes a lunas brillantes y pálidas, a huevos de luna, caídos del cielo, a monstruosas perlas vivientes, hacían palidecer bajo su claridad nacarina, misteriosa y regia, los hilillos del gas, del gas sucio y vil, y las guirnaldas de cristales de colores.

Me paré bajo el Arco de Triunfo para contemplar la avenida, la larga avenida estrellada, dirigiéndose hacia París entre dos líneas de fuego, bajo los astros. Los astros allá en la altura, los astros desconocidos, abandonados al azar en la inmensidad, donde dibujan esas figuras extrañas que nos hacen soñar, que nos obligan a reflexionar.

Entré en el bosque de Boulogne y permanecí allí largo, largo tiempo. Sentí un extraño estremecimiento, una emoción imprevista y poderosa, una exaltación tal del pensamiento que se aproximaba a la locura.

Anduve durante mucho, mucho rato. Después volví.

¿Qué hora sería cuando pasé de nuevo bajo el Arco de Triunfo? No lo sé. La ciudad dormitaba y las nubes, unas nubes grandes y negras, se extendían lentamente por el cielo.

Por primera vez comprendí que iba a ocurrir algo inusitado, distinto. Me pareció que hacía frío, que el aire se tornaba más denso, que la noche, mi amada noche, pesaba sobre mi corazón. La avenida estaba desierta, sólo dos gendarmes se paseaban cerca de la parada de los coches de punto y una larga fila de carros de verduras se dirigía al Mercado Central por la calzada apenas iluminada por los mortecinos faroles de gas. Avanzaban lentamente, cargados de zanahorias, nabos y coles. Los conductores dormían, invisibles; los caballos avanzaban paso a paso, siguiendo al carro anterior, sin hacer ruido en el pavimento. Al pasar bajo las luces de la acera, las zanahorias se iluminaban en rojo, los nabos en blanco y las coles en verde; unos detrás de otro avanzaban los carros, rojos de un rojo de fuego, blancos de un blanco de plata, verdes de verde esmeralda. Los seguí un rato y luego volví por la calle Real y llegué a los bulevares. Ni un café iluminado, ni una alma, sólo unos pocos rezagados que se apresuraban. Jamás había visto París tan muerto, tan desierto. Miré mi reloj: eran las dos.

Sentí la necesidad imperiosa de andar. Llegué hasta la Bastilla, allí me di cuenta de que nunca había visto una noche tan sombría, ya que apenas podía distinguir la columna de Juillet, cuyo Genio de oro desaparecía en la impenetrable oscuridad. Una bóveda de nubes, tan espesa como la inmensidad, velaba las estrellas y parecía irse a abatir sobre la tierra para aniquilarla.

Volví sobre mis pasos, no había nadie en torno mío. En la plaza del Chateau-d’Eau, sin embargo, un borracho tropezó conmigo y luego desapareció; durante un rato oí sus pasos, desiguales y sonoros. A la altura de la avenida Montmartre un coche de punto me pasó de largo. Le llamé, pero el cochero no respondió. Una mujer andaba sin rumbo fijo, cerca de la calle Drouot: “Escúcheme, señor” apresuré el paso para evitar su mano tendida. Luego, nada más. Delante de la Zarzuela, un trapero escarbaba en el arroyo, su linterna se balanceaba a ras del suelo; le pregunté:

– ¿Qué hora es?

– ¡Y yo que sé! -contestó-. No tengo reloj.

De pronto me di cuenta de que los faroles estaban apagados. Sé que en esta época del año los apagan de madrugada, antes de que amanezca, por economía; pero el día estaba todavía, ¡tan lejos!

“Vamos al Mercado, me dije, allí por lo menos encontraré algo de vida”.

Me puse en camino, pero no veía ni lo suficiente para poderme orientar. Anduve con lentitud, como se hace en un bosque, reconociendo las calles y contándolas, una a una.

Delante del Crédito Lionés ladró un perro. Torel por la calle de Gramot y me perdí; anduve errante y por fin reconocí la Bolsa por las cadenas de hierro que la rodean. París entero dormía con un sueño profundo, espantable. A lo lejos, no obstante, se veía un coche de punto, un solo coche de punto, tal vez el mismo que me adelantara antes. Traté de llegar hasta él dirigiéndome hacía donde sonaban sus ruedas, a través de las calles solitarias y negras, negras como la muerte.

Volví a perderme. ¿Dónde estaba? ¡Qué locura apagar el gas tan pronto! Ni un paseante, ni un vagabundo, ni un rezagado, ni siquiera el mullido de un gato amoroso. Nada.

¿Dónde estaban los gendarmes? Me dije: “Si grito, vendrán”. Grité, pero nadie respondió.

Grité más fuerte. Mi voz voló en el aire, sin eco, débil, ahogada, rota por la noche, por aquella noche impenetrable.

Gemí: “¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!”

Mi llamada desesperada quedó sin respuesta. ¿Qué hora sería? Saqué mi reloj pero no tenia cerillas. Escuché el suave tic-tac con una alegría incontenible. Mi reloj estaba vivo, ya no me sentía tan solo. ¡Qué misterio”

Seguí andando, como un ciego, tanteando las paredes con mi bastón, los ojos vueltos hacia el cielo, esperando la llegada del día; pero el espacio estaba negro completamente, aún más negro que la ciudad.

¿Qué hora debía ser? Me pareció que llevaba andando un tiempo infinito, porque mis piernas flaqueaban, mi pecho jadeaba y sentí un hambre atroz.

Me decidí a llamar a la primera puerta. Apreté el botón de cobre y el timbre sonó en el interior, vibrante, pero su sonido fue extraño, como si su vibración fuese el único habitante de la casa.

Esperé, pero nadie respondió ni se abrió la puerta. Llamé de nuevo, volví a esperar. Nada.

¡Sentí miedo! Corrí a la casa siguiente y llamé veinte veces seguidas al timbre del pasillo oscuro donde debía dormir el portero: pero no se despertó. Fui más allá, llamé con todas mis fuerzas, pegando con los pies, con el bastón, con las manos, en las puertas obstinadamente cerradas.

Y de pronto me di cuenta de que había llegado al Mercado Central. El Mercado estaba desierto, sin ruido, sin movimiento, sin un coche; ni una persona, ni un solo cesto de verduras o de flores.

¡Estaba vacío, inmóvil, abandonado, muerto!

El espanto se apoderó de mí. Aquello era horrible. ¿Qué era lo que estaba pasando? ¡Oh, Dios mío! ¿Qué ocurría?

Hui. Pero ¿y la hora? ¿La hora? ¿Quién podría decirme la hora? Los relojes de los monumentos y los campanarios permanecían mudos. Me dije: “Abriré el cristal de mi reloj para tantear la aguja”. Saqué el reloj… ya no latía… se había parado. No había nada, nada. No quedaba ni un solo estremecimiento en toda la ciudad, ni un destello, ni un soplo de viento en el aire. ¡Nada! ¡Nada en absoluto!, ni siquiera el rodar lejano del coche de punto…, ¡nada!

Me hallaba en los muelles. Del río subía un frío glacial.

¿El Sena seguía aún corriendo?

Quise saberlo, bajé la escalera… no se oía el ruido gorgoteante de la corriente, bajo los arcos del puente… Aún quedaban dos escalones… después la arena… el cieno… después el agua… metí el brazo… el agua corría… corría… fría… fría… fría… casi helada…. casi aterida… casi muerta…

Comprendí que nunca tendría fuerza de volver a subir… y que iba a morir allí… yo también. De hambre, de cansancio, de frío.

Bibliografía

Narraciones Terroríficas, Antología de cuentos de misterio. Barcelona: Ediciones Acervo, 1968.

Autor: Guy De Maupassant

Pasadizo antiguo, ¿un castillo?, ¿una casa?, ¿una bodega?…se observa la tempestad a través de las ventanas, suenan los truenos, una luz en cegadora de un rayo sustrae la tranquilidad dentro de mi corazón, te veo frente a mí, vestido blanco suelto, transparente, te rodean tres demonios, tu mirada no se fija que estoy frente a ti, más grande es el gozo y satisfacción que sientes al ser violada por ellos, en pleno éxtasis… sientes mi presencia… me volteas a ver y… te burlas de mí… me observas fijamente y una lagrima negra cae en tu mejilla… siento un gran temor, tiemblo y siento cómo pierdo mi vida, cómo esa lagrima absorbe mi ser… caigo de rodillas… no puedo respirar… la mano de un niño me ayuda a levantarme y dice:

– ¿Papi?

Me despierto de un salto, veo al niño frente a mi cama y repite:

– Adiós…

Mas el que muere soy yo…

Compartida por: Mr. J